¿Tienes miedo a salir de casa tras el confinamiento? ¿Te sientes inseguro al visitar lugares públicos? En este post vamos a darte unos pequeños consejos para que, poco a poco y con la máxima responsabilidad, puedas retomar tu vida normal.

La ansiedad y las fobias son mucho más comunes de lo que creemos entre nuestros mayores. Según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, se calcula que el porcentaje de estos trastornos alcanza una tasa de alrededor del 20%. Y es que, muchas veces, los ancianos se sienten solos, vulnerables ante las amenazas e incapaces de controlar las situaciones desafiantes que se presentan en la vida. Estas suelen ser relativas a sus circunstancias financieras, las relaciones afectivas y a la salud.

En la situación actual de pandemia, este sentimiento de ansiedad se ha multiplicado por temor al contagio. Aunque el confinamiento en el hogar ha tenido éxito en cuanto a la contención de la pandemia entre nuestros mayores, también ha conllevado consecuencias negativas, como la ansiedad y el miedo a salir de casa. Después de semanas de repetirles que sólo estarían a salvo si salían de su hogar lo menos posible, ahora sienten que todo lo externo (incluido las demás personas) es peligroso para ellos.

Esta ansiedad se expresa, muchas veces, como una fobia, siendo la más común entre las personas mayores la agorafobia. Ésta se puede manifestar con tensión, irritabilidad, dificultades en el dormir y depresión, y puede influir negativamente en el bienestar emocional y en la calidad de vida de la persona. Factores de riesgo son la mala salud, la soledad o la poca movilidad y se da más en mujeres que en hombres.

¿Qué es la agorafobia?

Es común pensar que la agorafobia es simplemente el miedo a salir de casa o a los espacios abiertos, pero, en realidad, es el miedo a toda situación incómoda en la que uno no sabe desenvolverse y de la que no puede “escapar”. Las personas mayores tienen que adaptarse a cambios importantes, precisamente en una etapa de la vida en la que la adaptación no es fácil: jubilación, cambios físicos, emocionales, cambios en su entorno familiar e, incluso, la enfermedad o la muerte. Muchos sienten que el mundo es una amenaza y, las personas que lo habitamos, un potencial peligro.

Todo esto se ha incrementado de manera significativa con la pandemia del Covid-19: no se sienten seguros si salen a la calle y van a un centro comercial, no saben si van a poder mantener la distancia de seguridad o si se va a dar cualquier otra situación incontrolable que les pueda perjudicar. También son conscientes de que su capacidad de respuesta está condicionada por sus limitaciones físicas, por lo que no están seguros de poder “escapar” si se da ese potencial peligro que tanto temen.

Estas personas tienen un sentimiento de fragilidad e indefensión, y eso provoca que eviten lugares públicos y acaben aislándose socialmente. También son grandes consumidores de televisión y siguen constantemente las noticias, que no paran de hablar de la situación de la pandemia, con alarmantes datos de contagiados o fallecidos.

Los expertos recomiendan animarles a que vuelvan a tener una vida lo más normal posible, poco a poco y a su ritmo. Que vuelvan a ver a sus familiares y seres queridos, y que éstos los acompañen en un entorno donde se sientan seguros. Hay que alentarles a que salgan, aunque sólo sea a dar una vuelta a la manzana o ir a comprar en horas poco frecuentadas, para que no se sientan amenazados. Paso a paso irán teniendo cada vez más confianza.

Para las personas mayores es muy importante estar en un entorno controlado y familiar, evitar la soledad, intentar salir a pasear, tomar el sol y hacer ejercicio. Si las múltiples tareas que nos impone la vida diaria no nos permiten visitar a nuestros mayores tanto como desearíamos, podemos buscar una alternativa. Tradicionalmente estaban las opciones del cuidado en casa por un profesional de ayuda a domicilio o las residencias, recomendándose sólo éstas últimas para convalecencias difíciles o personas muy enfermas con problemas de movilidad. Se aconseja que la persona permanezca en su entorno de siempre, donde la pueden visitar los familiares y amigos, pueda conservar sus mascotas si las tiene, y donde se siente segura, conservando su autonomía y realizando ella misma todas las tareas de las que se sienta capaz. Es importante que se sienta útil y activa.

No sólo hay que vigilar que haga ejercicio, tome el sol y no se aísle socialmente. También es muy importante controlar que su alimentación sea la correcta. Éste es un factor esencial muchas veces olvidado por los médicos, que ponen más el foco en la medicación. Una sana alimentación les ayudará directamente con dolencias como la ansiedad, pero también de manera indirecta, ya que ayudará a que la medicación sea más eficaz. Esto puede favorecer a una disminución de las dosis, y a recuperarse de una manera más natural y sana, con menor tiempo y esfuerzo.

Cuando hablamos de una dieta, nos viene a la mente “perder peso”, pero hay dietas que ayudan a superar múltiples problemas de salud y sirven para mejorar la vista, la piel, el pelo o las articulaciones. Así mismo, existen muchos alimentos que favorecen la relajación del sistema nervioso y colaboran para defendernos de la ansiedad.

Los más importantes son:

  • Nutrientes ricos en vitamina B: principalmente los cereales integrales.

  • Omegas 3, 6 y 9: mejoran la función cognitiva, facilitan la sinapsis neuronal y ayudan a recuperarse de cualquier problema nervioso. Están presentes en los salmónidos (salmón, trucha), nueces, cacahuetes y almendras. También es importante su consumo ya que reducen los niveles de la llamada hormona del estrés, el cortisol.

  • Triptófanos: cuando tenemos ansiedad, nuestros niveles de serotonina (sustancia química que regula nuestro estado de ánimo, también llamada la “partícula de la felicidad”) caen en picado. Alimentos como los garbanzos tienen gran cantidad de triptófanos, que favorecen la producción de serotonina en el cerebro.

  • Magnesio: Es un suplemento que está de moda y es muy útil para aliviar la ansiedad. Lo podemos encontrar también en los cereales integrales.

Si la persona enferma tiene algún tipo de intolerancia alimentaria o alergia, siempre se puede recurrir a suplementos alimenticios libres de alérgenos que estarán disponibles en cualquier herbolario.

El papel de Caysam para combatir el miedo a salir de casa

El cuidador profesional que acuda a casa de su ser querido no sólo le ayudará con el aseo, las labores del hogar, la alimentación, la compra o la medicación; también saldrá a pasear con él, le acompañará al médico o a los recados, le dará conversación y será un contacto humano y emocional muy importante.

Este tipo de solución se ha convertido en ideal en contraste con las residencias, no sólo por los motivos anteriormente expuestos, sino porque éstas son uno de los principales focos de la pandemia y su personal está sobrepasado, agotado ya en la tercera ola de la crisis sanitaria. También se han prohibido la visita de familiares en muchos de estos centros, lo que incrementa el miedo de la persona mayor a enfrentarse sola a la enfermedad.

Estos cuidados recomendados al adulto mayor no son algo puntual, sino que tienen que ser consistentes en el tiempo, ya que siempre existe el peligro de una recaída.

Los cuidadores de CAYSAM estarán siempre atentos a las necesidades de su familiar. Le harán compañía, le darán seguridad y velarán por su bienestar. Apoyarse en nuestros profesionales dará a sus mayores confianza para salir, participar y relacionarse con el entorno, sintiéndose parte activa de su realidad.

En CAYSAM queremos hacer su vida más fácil.

Creemos firmemente en honrar la promesa que les hacemos a nuestros clientes:

«Añadir vida a los años»

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