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FALSOS MITOS DE LA TERCERA EDAD

Cuando se habla de la vejez o tercera edad, existen muchos estereotipos negativos. Se asocia a las personas mayores con la enfermedad, senilidad o las manías, y a menudo se les trata como a niños pequeños. También se cree que son personas dependientes, a menudo solitarias, y que necesitan de nuestra ayuda. Por supuesto, ni se plantea el hecho de que muchas veces son ellos los que nos ayudan a los demás.

Asimismo, los medios de comunicación contribuyen a este cliché tan perjudicial y muchas veces falso. En las películas o en televisión, los ancianos se presentan como personas poco atractivas, con arrugas, poco pelo y posturas encorvadas. También la publicidad insiste en recomendarnos desde que somos jóvenes productos que retrasan la llegada a ese “indeseable estado”. Existe un miedo auténtico a envejecer. Estos estereotipos tan negativos son altamente perjudiciales: se ha demostrado que tienen una gran influencia en la salud física y mental cuando son internalizados, como si diéramos por hecho que son un destino que no podemos evitar. Por el contrario, un punto de vista positivo puede relacionarse con una mejora en la salud general de la persona.

Envejecer es un proceso complejo e individual; estereotiparlo significa generalizar cómo la gente de cierta edad debería sentirse y comportarse, sin tener en cuenta las diferencias entre individuos y sus circunstancias.

Actualmente es muy difícil establecer cuándo empieza la vejez, ya que los 65-70 años actuales son como los 55-60 años de generaciones anteriores, según afirma Antonio Abellán, investigador del departamento de Población del CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas). De ahí que, tanto él como otros investigadores, estén buscando una nueva definición de “persona mayor” que no dependa de los años que tenga sino de los que le queden por vivir (aproximadamente).

Todos estos prejuicios son algo cultural y se dan más en el mundo occidental. En oriente se valora a las personas mayores por su experiencia y sabiduría. En un informe de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), se muestran porcentajes de personas que siguen trabajando entre los 65 y los 69 años por ser considerados valiosos para la empresa, y son mucho mas altos en países como Indonesia, Corea del Sur o Japón.

Lo peor es cuando estas falsas asunciones sobre lo que significa ser adulto mayor desembocan en un trato condescendiente que, a veces, se parece mucho a la falta de respeto.

Estos son unos consejos que pueden ayudar a tratar mejor a nuestros mayores:

  • Que una persona sea mayor no quiere decir que esté sorda, aunque a veces tarde en entender lo que le estás diciendo. Es mejor ponerse delante para que pueda verte la cara y hablar despacio, que gritar. Bajar el tono de la voz transmite serenidad. Si existe algún problema para que te pueda entender, utiliza frases cortas y palabras sencillas. Si haces alguna pregunta, que la respuesta también sea sencilla.
  • No hables de ellos como si no estuvieran delante, dando por hecho que no te pueden entender. No hables de sus enfermedades incluyendo expresiones falsamente compasivas, como “la pobre” o “está muy mal”. Lo más seguro es que lo entiendan perfectamente y que, incluso, sean más inteligentes que tú.
  • Aunque estén enfermas, ten siempre palabras agradables y de ánimo. Se dan cuenta de mucho más de lo que parece.
  • No seas mandón o mandona. No es un niño pequeño. Quizás no vean u oigan bien, pero tienen toda una vida de experiencia a sus espaldas.
  • Si quieres que cambie algún comportamiento, díselo en privado y con discreción y cordialidad. Seguro que podéis llegar a un acuerdo que satisfaga a todos.
  • Aunque te pregunte lo mismo varias veces, respóndele con amabilidad y paciencia.
  • Si está enfermo o frágil, trátalo con delicadeza y sensibilidad. Explícale todo lo que vais a hacer por adelantado, como vestirse para ir al médico o a ayudarle a ponerse el abrigo para ir a hacer la compra. Sin prisas y de manera afectuosa.
  • Conócelo mejor como persona. Aunque creas que lo sabes todo de él o ella, quizás te sorprenda. Recuerda que ha vivido más que tú y seguro que tienes mucho que aprender de sus experiencias y reflexiones.
  • Respeta su intimidad, sus objetos de toda la vida, aunque a ti no te gusten o no te parezcan apropiados.
  • Llama a la puerta antes de entrar en el baño o en su habitación: a pesar de que son mayores siguen sintiendo pudor, y es muy probable que no les guste que los vean desnudos o que les tengan que ayudar en el aseo.
  • Pide permiso antes de hurgar en su bolso o en sus cajones. Ten consideración con sus pertenencias privadas.
  • Procura que vista bien y que, por un despiste, no se ponga ropa rota o sucia. Deben estar siempre aseados y con el pelo arreglado. Un toque de perfume o una manicura tampoco están de más.
  • Ten en cuenta sus costumbres, la ropa que les gusta ponerse, horarios de comidas, ir cierto día de la semana a la peluquería de siempre o ir de visita a algún conocido.
  • Siempre hay que intentar que hagan todo lo que puedan por sí mismos, no dar por hecho que, por tener una edad, son inútiles. Muchas veces es todo lo contrario.
  • Cuando la persona tiene un problema de deterioro mental, a veces dice cosas incoherentes, tiene olvidos o se para en medio de una frase: dale tiempo y ayúdale con amabilidad.

No debemos olvidar que, detrás de ese cuerpo gastado, hay un ser humano con toda una vida detrás. Siguen siendo ellos mismos, pero con experiencia y madurez, con un corazón y un cerebro que puede funcionar incluso mejor que el tuyo. La clave es el respeto y el no prejuicio: ponernos en sus zapatos y preguntarnos cómo nos gustará que nos traten cuando estemos en su lugar.

En CAYSAM tenemos la filosofía de tratar a las personas ancianas como eso, personas. Lo de ser ancianos es sólo una circunstancia que, con un poco de ayuda, no puede evitar que tu ser querido viva una vida plena y feliz.

Llámanos y aclararemos tus dudas.

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